Es una pena escribir tu nombre en soledad,
soledad de mí, de ti, de nosotros.
Es una pena tomar el lápiz y no escribirte en mis letras,
es una pena memorizar tus ojos, tus labios, tu cabello y tu nariz,
y no tenerte cerca entonces para fundirse
como lágrimas transparentes en tu piel.
Es una pena no quedarme en tu vida, como la sal del mar
se adhiere a mis ojos extasiados en adiós,
como se quedan en los amantes las noches,
como se queda en el papel la tinta, como se quedan los tatuajes.
Tú en cambio te quedas como el olor frío del invierno,
como el aroma efímero de lo pasajero,
como el sabor, el amargo sabor de tu recuerdo,
del "no eres", del "no fuiste" y del "no serás".
Colaboración de Alexandra Colorado
Colombia
